Prof. Patricia Rodríguez habla en el Mercurio de Valparaíso sobre la copa menstrual: las ventajas de un dispositivo tan seguro y eficaz como los tampones y toallitas

RELEVANTE. Diversos análisis confirman los beneficios de este método de contención del flujo, que recién se está masificando. También se observa su positivo impacto económico y ecológico.
Un estudio realizado por investigadores británicos, cuyas conclusiones fueron publicadas hace dos semanas por la revista Lancet Public Health, confirmó que la copa menstrual es un dispositivo tan seguro y eficaz como el tampón y la toallita (compresa) sanitaria para ser usada por las mujeres durante sus días de regla. Además, dicho trabajo especifica que si se la emplea en forma adecuada y bajo ciertas condiciones, ésta tiene ventajas comparativas que la hacen ser mucho más funcional y sustentable que los métodos tradicionales.

Esto último es muy relevante, ya que la copa podría beneficiar a millones de mujeres -y también, por cierto, a miles de personas transgéneras e intersexuales- de todo el mundo, en especial a las que viven en los países más pobres, que enfrentan carencias o severas restricciones para protegerse en el período de menstruación, que en promedio es de 65 días por año.

Características
La copa menstrual es un dispositivo con forma de campana destinado a recibir -no a absorber- el flujo o sangrado menstrual, la cual, para cumplir su función, debe ser introducida desde el introito vaginal hasta el tercio medio de la vagina.

Aunque surgió en la década de 1930, ésta se masificó recién durante este siglo, principalmente debido a sus condiciones de uso, pues obligaba a quien la usa a manipular sus genitales para colocarla, retirarla, vaciarla y volver a ponérsela, y también por su materialidad (se fabricaban con caucho, látex o plástico quirúrgico), que al principio no satisfacía las necesidades de su público objetivo, que consideraba sus distintas opciones como incómodas y causantes de irritación.

Según explica la matrona Patricia Rodríguez González, docente de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la Universidad de Valparaíso, no fue sino hasta la aparición de la silicona hipoalergénica -que junto con afinar sus dimensiones permitió darle nuevos formatos, texturas y colores- que este recipiente se transformó en una auténtica y más higiénica alternativa a los tampones y toallitas.

“Una copa estándar está conformada por un borde, que permite el vacío; un cuerpo de medición, donde se deposita la sangre y que también contiene unos agujeros de succión, y una base con relieve con terminación, que ayuda a la extracción del flujo menstrual. Las hay de diferentes tamaños, pero en general varían entre 5,9 y 7,5 centímetros de alto y 3,9 a 4,5 centímetros de ancho, y pueden contener desde 10 hasta 30 cc, dependiendo de la marca y la talla. Lo importante es que esté confeccionada con silicona de uso clínico, para que no afecte la mucosa vaginal, y cuente con la debida certificación”, precisa la profesional especialista en temas de salud sexual y reproductiva.

Ventajas

A diferencia de los tampones y compresas, que son totalmente desechables, la copa menstrual está diseñada para ser reutilizada.

En efecto, diversos análisis indican que una copa de silicona certificada puede cumplir su función durante unos diez años, si bien la mayoría de los fabricantes aconsejan cambiarla cada tres o cuatro.

Para la docente de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la UV, esto no solo representa una ventaja en términos de costos asociados -en promedio una copa cuesta unos 12 mil pesos, mientras que el valor de un set de 10 toallas bordea los 1.500 pesos, lo que al poco tiempo se traduce en un ahorro importante de dinero-, sino también desde el punto de vista ecológico.

“Si consideramos esos parámetros, tenemos que en una década una persona solo necesitaría una o dos copas en vez de, por ejemplo, unas 1.600 toallitas, lo que sin duda ayudaría a frenar el impacto que genera en el medio ambiente la acumulación de toneladas de residuos o derivados de productos absorbentes para la higiene íntima”, asegura Patricia Rodríguez.

Otro aspecto positivo de la copa menstrual es que además puede ser usada junto a algunos anticonceptivos internos, como el dispositivo intrauterino, tanto el de cobre como el hormonal.

“Finalmente, yo destacaría además como ventaja el hecho de que esta opción, como método, fomenta el autoconocimiento del propio cuerpo, ya que nos hace estar más conscientes del funcionamiento nuestros órganos genitales y ciclos menstruales”, acota la matrona y académica.

Consideraciones especiales

El uso de la copa menstrual implica una serie de consideraciones especiales para poder usarla, como la edad, la cantidad de hijos y las vías del parto, ya que estas permiten determinar la talla del dispositivo. De igual manera, es importante atender a las características del tipo de flujo o sangrado, si éste es abundante o no, y si se hay inicio de actividad sexual penetrativa, ya que podrían tener efectos en quienes tengan un himen más rígido.

“Asimismo, hay que considerar que, una vez introducida, la campana puede permanecer hasta un máximo 12 horas dentro de la zona vaginal, pero el tiempo dependerá del nivel del flujo, ya que podría ser necesario vaciarla en un menor tiempo, en general cada cuatro a seis horas” advierte Patricia Rodríguez.

USO REDUCIDO

Por razones culturales, falta de información, características de manipulación y acceso al producto, tanto en Chile como en la mayoría de los países la copa menstrual todavía es utilizada por porcentajes muy reducidos (10% o menos) de mujeres en edad fértil. Solo en Estados Unidos y en algunos países de Europa este dispositivo exhibe tasas de uso mayor. Este porcentaje también lo explica el hecho de que la copa presenta algunas desventajas: la exploración y manipulación de los genitales sigue siendo un tabú, el rechazo o pudor que provoca ver y manipular el flujo, contar con un lugar disponible y reservado para extraer, vaciar, lavar y volver a colocar el recipiente, sin que éste se contamine, y padecer de determinadas malformaciones o enfermedades vaginales.

 

VÍA: MERCURIO DE VALPARAÍSO

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